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22 de mar. de 2012

Un regreso al infinito.

Si muero espero no enterarme. Me gustaría despedirme del mundo antes de morir. "Adiós" como última palabra: Simple, elegante y sincera, no se me ocurre nada más sincero para morir. Tal vez se lo diría a quien estuviese cerca, o quizás a solas, aunque nadie me oyera. Hablo cuando no me oyen más que cuando me pueden escuchar. Ese adiós desaparecería, nadie sabría de él, ni siquiera yo estaría para recordarlo. Como si jamás hubiera ocurrido. Por eso, casi mejor que no ocurra. No tener tiempo para despedirme sería la mejor opción.
No tengo miedo a morir. Lo sé porque nunca me he parado a pensarlo. Porque jamás me he planteado el tener o no miedo a la muerte. Aunque sí haya pensado cual sería mi última palabra. No sé imaginar un mundo sin mi. Tal vez los motivos de esa falta no sean los que atribuye Hemingway, o quizás sí. me gustaría tener miedo para que alguien me lo quitara.
Tampoco tengo miedo a la muerte de otros. Tal vez porque he vivido demasiadas, o quizás porque una vez ocurridas no hay nada que esperar. Porque vivir la muerte de alguien es sufrir un vacío, de pronto esa persona no existe en el mundo. Y dan ganas de aferrarse a la posibilidad mágica o irracional de volver a encontrar a esa persona. Pensar que no volverás a verla es… inimaginable. A veces me gustaría saber rezar. No sé rezar. Aún me sé el padre nuestro de la primera comunión, pero por mucho que lo recite yo ya no sé creer. No sé tener esa esperanza. No tengo nada que esperar, sólo se queda ese vacío con el que lo único que se puede hacer es aprender a ignorarlo.
No temo a los muertos, lo sé porque me preocupan más los vivos. Lo sé porque pienso que si alguna vez me encontrase con un fantasma me preocuparía más mi salud mental que lo que éste pudiese hacerme. Me dan más miedo los vivos. 
Me da miedo la espera a la muerte. Espero no saber nunca el tiempo que me queda de vida. No es tanto el momento de morir, como el saber que ocurrirá. Temo ese momento en el que temes morir. Esos días en los que lo sabes y finges vivir sin saberlo o los demás lo hacen por ti. Esos días en los que a mi me gustaría tener a alguien que sepa obligarme a vivir sin decírmelo. Me da miedo sentir miedo.

Fue a finales de la primavera o principios de verano del 2000: Un jurado, creo que de 4 personas, no lo sé porque no los vi, o porque los vi sin querer verlos o, simplemente, ya no me acuerdo.
Recuerdo mis dedos acariciar las teclas, cada nota formando parte de aquella melodía asombrosa que había tocado tantas veces. En cada ensayo, había logrado crear música. Me convertía, me transformaba en ella. Las canciones pasaban de partituras a sonidos, y de sonidos a algo más que yo no sabría calificar. Llegaba un momento en el que no miraba las partitura, no la necesitaba, sólo veía mis manos en el teclado. Disfrutaba con aquello, no sé si tanto o casi tanto como disfruto escribiendo.
Pero aquella vez no salía nada, no me oía, no me escuchaba, sólo tocaba sin saber muy bien lo que hacía. No pensaba en las notas, ni siquiera en el jurado que me evaluaba, pensaba en aquella treintena de personas que me miraba, tosían y escuchaban.
Paré de tocar y no volví a hacerlo jamás.

No es el miedo al no saber, al ser menos que los demás, ni a la ignorancia. Es el miedo al ridículo. Es el miedo a no poder hacer lo que sabes hacer. Es el miedo al pánico.
Al final el miedo se convierte en esa circularidad absurda, ridícula e irracional. Un continuo regreso al infinito. No es el miedo a no recordar la melodía, pues tengo la partitura delante, no es el miedo a no saber tocarla, porque la he ensayado mil veces y sé que sé tocarla, es el miedo a que el miedo me bloquee y no me deje tocar.
Como la muerte, absurdo, inimaginable e inevitable. Y por tanto, aceptable.
Aprendí a no tener miedo a la muerte, ahora sólo queda aprender a no temer al miedo.

3 comentarios:

  1. Sublime.
    No puedo decir más, me he quedado sin palabras.

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  2. Me encanta. Te has quedado con todas las palabras buenas, con toda la elocuencia y el sentido trascendental que podía abarcar una entrada al blog, así que tan sólo puedo aportar eso.
    Me encanta.
    Ojala todos los jueves den cosas así

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  3. No puedes imaginar lo mucho que me ha llegado. El miedo es un sentimiento que forma parte de mi vida. Antes de acabar de leer ya estaba pensando que lo peor era superar ese miedo al miedo. Ojala existieran unas pastillas para ello.

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